El SúperDepor
Después de dos décadas entre la elite, de haber enamorado a Europa con
exhibiciones en Villa Park o en Old Trafford, después de haber llorado
el penalti maldito de Djukic y de haber festejado ante el Madrid
galáctico una Copa del Rey gloriosa, Riazor derramó lágrimas de
frustración cuando su Deportivo perdió la categoría. Fue un mazazo
brutal para una generación que había sido feliz con las gestas de la
pegada de colibrí de Bebeto, con el motor diesel de Mauro Silva, con la
zurda de oro de Fran o con las acrobacias de Djalminha, el chispeante
genio extravagante e impredecible. Fue un castigo para aquellos
aficionados dichosos de haber compartido la sapiencia del Zorro de
Arteixo, Arsenio iglesias, o de los que se habían hecho adictos a la
gabardina fetiche de Jabo Irureta. Aquello fue un palo considerable, un
golpe inesperado del destino para una ciudad de apenas 300.000
habitantes. De ese pozo, con espíritu renovado, con la cultura del
esfuerzo liderado por Oltra y con un grupo de jugadores que ha cumplido
en una categoría que es un campo de minas, el Deportivo ha regresado a
su hábitat natural, la Primera División.

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